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ANNA AJMATOVA (1889-1988)

¿Verdad que volveremos a mirarnos,
con nuestras miradas puras?
¿Y verdad que me dirás de nuevo esa palabra
que ha vencido la muerte
y que comprendió mi vida?
          Poema sin héroe, cap. 3
Imagen: Nathan Altam

¿Se necesitan razones para recomendar en mi Blog a Ajmatova? ¿Se necesitan razones para la poesía?

Saludos desde mi primera recomendación poética en este Blog, Esos versos de Ajmatova con que encabezo el artículo se apoderaron de mí hace muchos años, me marcaron un camino, una aspiración, aligeraron mis poemas y hasta me permitieron mirar con la mirada joven y volver a creerme que existe, que de hecho existió, en cada vida de cada uno de nosotros, esa palabra que ha vencido la muerte y que comprendió mi vida.

Propongo esta pregunta para todos los lectores, una pregunta profunda y sutil. ¿Habéis escuchado o leído alguna vez esa palabra que os ha cambiado la vida, que os ha revelado su significado, el de la muerte, el del amor? ¿Creéis que existe? ¿Tenéis esperanza de escucharla, de leerla algún día?

Quizás la poesía sea esa esperanza, y quizás leemos o escribimos poesía por esa esperanza, por la ilusión de vislumbrarla, de encontrar algo que se parezca a esa palabra.

Un motivo de esta sección, de este Blog, es compartir versos y poetas con los lectores de poesía, intercambiar vida poética, disfrutar con nuestra obsesiones, pero el más inmediato es animar a leer poesía a todos aquellos que nunca se adentran en este mundo del verso, de las  metáforas y de esos seres medio raros que se llaman poetas, eso sí, mi llamada no es para todos, es sólo para los valientes, para aquellos que se sientan con fuerzas para entrar en una nueva dimensión de verdades y estéticas, para los que no tengan miedo de perderse por laberintos inexplorados, los que no vivan pegados a sus ideas rígidas e inamovibles, porque la poesía todo lo cambia, todo lo mueve.

Ajmatova es poesía extremada, poesía testimonio, su vida es poesía, su planta de princesa mongol es poesía,  para Mandelstam su mera voz fue un tesoro, fue la misma esencia de sus poemas, de esas palabras precisas, sombrías como vidrieras góticas esperando la luz, elevadas como nubes, acogedoras como abrazos.

Anna Ajmatova nació en Odesa, estudio en Kiev y vivió luego ya en su amado San Petersbugo, allí se casó con el destacado poeta Nikolai Gumilov, allí compuso los versos que le llevaron a una fama temprana y peligrosa, allí conoció a Pasternak, y a su gran amigo Ossip Madelstam, allí vivió la Revolución del 17, la ejecución de su marido Nikolai por la Cheka, la persecución leninista, y la estalinista, y otros dos matrimonios, la guerra mundial y el encierro en el Gulag de su hijo Lev durante más de 15 años, o el de su último marido el erudito Punin, que acabó muerto de frío y hambre en el campo de Vorkuta, igual que el poeta Mandelstam, allí vivió su vida Anna Ajmatova, aunque la ciudad perdiera a los zares o cambiara su nombre por Leningrado, allí dio testimonio de vida y de muertes, de cárceles y de jardines congelados, de cascadas mudas, mudas como las voces de tantos hombres y mujeres a los que Anna se empeñó en devolver la voz;

En lugar de un prólogo
 
En los terribles años del terror de Yezhov hice cola durante siete meses delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me «reconoció». Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados, que naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó del entumecimiento que era habitual en todas nosotras y me susurró al oído (allí hablábamos todas en voz baja): -¿Y usted puede describir esto? Y yo dije: -Puedo. Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro.
 
                                                                                Requiem 1935-1940 Anna Ajmatova: trad. Aquiles Julián

la poesía de Ajmatova es pues una de los testimonios indispensables del siglo XX, no sólo es una voz, no es un espíritu que se eleva y abandona la tierra, sus palabras son el recuento  más humano, más veraz de esas vidas rotas, escondidas, enterradas  bajo cal, eliminadas de la historia, sus versos son la cruel revolución, son la terrible guerra mundial que destruyó ciudades enteras, sus palabras descifran una represión larguísima, silenciosa, solitaria…

Dijo Aristóteles en el capítulo 9 de su Poética; la poesía es más filosófica que la historia, y tiene un carácter más elevado, ya que la poesía cuenta sobre todo lo general y la historia lo particular …

Me sorprende conocer que muchos amantes de la historia, investigadores o aficionados, reconocen abiertamente no leer jamás poesía, me desconcierta, tanto como cuando se lo oigo a artistas, sociólogos, filósofos o a supuestos intelectuales, ¿será por miedo a una verdad demasiado nítida?

DEDICATORIA
Un dolor semejante podría mover montañas,
e invertir el curso de las aguas,
pero no puede hacer saltar estos potentes cerrojos
que nos impiden la entrada a las celdas
atestadas de condenados a muerte...
Para algunos puede soplar el viento fresco,
para otros la luz solar se desvanece en el ocio,
pero nosotras, asociadas en nuestro espanto,
sólo escuchamos el chirriar de las llaves
y las pisadas de las recias botas de la soldadesca.
Como si nos levantáramos para misa primera,
día a día recorríamos el desierto,
andando la calle silenciosa y la plaza,
para congregarnos, más muertas que vivas.
El sol había declinado, el Neva se había opacado
y la esperanza cantaba siempre a lo lejos.
¿Que sentencia se dictó?... Ese gemido,
ese repentino fluir de lágrimas femeninas,
señala a una distinguiéndola del resto,
como si la hubieran derribado,
arrancándole el corazón del pecho.
Entonces déjenla ir, trastabillando, a solas.
¿En dónde estarán ahora mis innombrables amigas
de aquellos dos años de estadía en el infierno?
¿Qué espectros se burlan de ellas ahora,
en medio de la furia de las nieves siberianas,
o en el círculo nublado de la luna?
¡A ellas les lloro, Hola y Adiós!
                  Anna Ajmatova: Requiem (Marzo de 1940) trad. Aquiles Julián

Pero el alma poética de Anna permaneció firme, dura y frágil, durante toda su vida, ningún apocalipsis consiguió desterrar la fina luz de niña, de joven soñadora, de enamorada, de poeta voraz, nunca se apagó esa luz culta y divertida del  centro de su vida, ni los fusiles, ni el gulag, ni el tormentoso aislamiento a que fue sometida durante décadas lo consiguieron;

Simultáneamente, al fondo de la sala, de la escena del infierno o de la cima del Brocken(62) de Goethe aparece Ella (y quizás, su sombra).
...Como cascos resuenan sus botas,
como cascabeles titilan sus pendientes,
celosos cuernos en sus pálidos rizos,
ebria con su danza demoníaca,
que como negra figura de una vasija
se abalanzara hacia una ola azul.
Así, suntuosamente desnuda
 y tú tras ella, con capa y casco,
tú, que aquí entras sin máscara,
 tú, el Ivanushka de los antiguos cuentos.
 ¿Qué te atormenta hoy?
¡Cuánta amargura en cada palabra!
 ¡Cuántas tinieblas en tu amor!
¿Y por qué este hilo de sangre abre el pétalo de tu mejilla?  
						
Anna Ajmatova: A través del rellano. Poema sin héore.   trad. Aquiles Julián

Anna comenzó su carrera literaria en la corriente poética denominada acmeísta, junto a Nikolai Gumiulov y Ossip Mandelstam, la palabra Akme, del griego, significa Apogeo, aspiración a lo elevado. Aspiraban a la claridad, a la sobriedad, a la inspiración clásica, al intimismo, se alejaban del hermetismo, de la difuminada semántica de los simbolistas como Alexander Block, la poesía de Anna era nítida y cercana, la de todos ellos, tan clara, tan directa que fue un poema El montañés del Kremlin, refrido a Stalian, lo que llevó al gran Ossip a un Gulag vecino a Vladivostok, donde apenas pudo resistir y murió; Clava en la entrepierna, el ojo, la entreceja/ y cada ejecución es la gran dicha/ con la que el gran oso se relame.

NO SABEMOS CÓMO DECIRNOS ADIÓS
No sabemos cómo decirnos adiós:
erramos por ahí, hombro con hombro.
Ya el sol está bajando,
vas taciturno, soy tu sombra.
Entremos en una iglesia a ver
bautizos, matrimonios, misas de difuntos.
¿Por qué somos diferentes del resto?
Afuera otra vez, cada quien vuelve la cabeza.
 sobre la nieve pisoteada,
suspirando el uno por el otro.
Esa vara en tu mano está dibujando mansiones
donde estaremos siempre juntos.
                                                                                                       Anna Ajmatova (1917) trad. Aquiles Julián

El mundo se estremece, gira y parece desmenuzarse en hongos atómicos, pero el diminuto corazón de una poeta, el núcleo hirviente de Ajmatova, quizás como el de tantos hombres y mujeres que sufrieron lo que ella, permanece intacto toda su vida, sus miedos, sus sombras juveniles son las mismas sombras que le llegaban de un Leningrado en ruinas, sitiado, en batalla feroz, sus amores, sus añoranzas son las mismas, en 1812 escribió:

Un murmullo otoñal entre los arces me pidió:
 “¡Muere conmigo!“

Fue compañera de la muerte mucho antes de la revolución, de las guerras, mucho antes de las muertes, es como si una vida entera de atrocidades no hubiera apenas desviado la poesía de Anna de su destino inicial, ¿acaso no llevaba Ajmatova consigo, desde el mismo día de su nacimiento, todas esas muertes, todas esas viudas, todos esas horas de espera a la puerta de una cárcel? ¿Acaso no sabemos de poetas de vidas apacibles con versos que helarían la sangre de cualquier lector, de cualquier verdugo con un mínimo de espíritu? Pongamos el caso de la misteriosa y poderosamente evocadora Emily Dickinson, que apenas salió en toda su vida de su casa de Massachusetts, que nunca se casó, que vivió siempre bajo la protección de esa familia suya de la alta buguesía americana,  y que fue autora de docenas de poemas sobre las muerte, sobre los detalles más insignificantes, más cotidianos, más reveladores de la muerte,

Me gusta cómo luce la Agonía,
pues sé que es verdadera
Los hombres no simulan el Dolor,
ni fingen un Espasmo  
Se vidrian nuestros Ojos  
es la Muerte  
No hay forma de imitar esas Perlas
que enhebra en nuestra frente
la cotidiana Angustia.
                    Anna Ajmatova, trad. Rubén Martí

¿No se presiente acaso esa misma sombra de angustia, ese delicado dolor, esa melancolía hipersensible que atormentaba, que acompañaba, los versos de Anna Ajmatova?

EL SAUCE
Crecí en medio de un poblado silencio
dentro de la cuna fría del naciente siglo.
Las voces humanas no me tocaban.
Eran las voces del viento lo que oía.
Concedí mis favores a las badanas y a las yerbas malas,
pero lo más preciado, para mí,
fue el sauce plateado,
 gran compañero a través de los años,
cuyas llorosas ramas avivaron con sueños mi insomnio.
Increíblemente he sobrevivido:
afuera sólo un tronco cercenado permanece.
Ahora otros sauces recitan
bajo nuestros cielos con voces alienadas.
Y yo quedo en silencio,
como si hubiera perdido un hermano.
			Anna Ajmatova (1940)   trad. Kyra Galván

Libros recomendados


Anna Ajmatova: Réquiem

Traducido por Carmen Alonso y adaptado por Gloria García

Anna Ajmatova: Réquiem / Poema sin Héroe

Edición de Cátedra

Anna Ajmatova

Libro de Elaine Feinstein editado por Circe

5 comentarios en «ANNA AJMATOVA (1889-1988)»

  1. Estremecedores versos de Anna Ajmatova,
    como estremecedora y trágica su vida.
    Gracias Miguel por compartirlo con todos nosotros.

    Querida Anna de corazón valiente,
    que vislumbrabas la esperanza en el lejano horizonte
    mientras crujía el hielo bajo tus pies
    a las puertas del gulag…
    Me pregunto si tu alma heroica entendería
    la ceguera de mi corazón,
    que no vislumbra esa esperanza
    bajo el sol primaveral
    de un país sin gulags,
    pero que se derrumba,
    carcomido por dentro,
    y que silenciosamente nos arrastra
    a la pulsión de zánatos.

    Pero quizás
    aunque no vea esa esperanza,
    la pueda oír,
    como una música lejana,
    Platón jugando con las esferas,
    y por eso aún sigo
    viva.

    1. Qué emocionante Maria, qué paradójico, Ajmatova supo mantener su vida en alto a través de década de sometimiento, pero sabia quienes la estaban oprimiendo, nosotros nos ahogamos en un vaso de agua, ya no sabemos ni quién nos somete

  2. Wow, Anna Ajmatova. Vivió 99 años.
    Impresionante fuerza para todo lo que le tocó vivir!
    Nuestra María Zambrano hablaba de la razón poética, que pienso se acerca más íntegramente al conocimiento real. Superior a otras disciplinas: filosofía, historia, sociología, psicología, etcétera

  3. Bien traído Pilar, hay concomitancias entre Zambrano y Ajmatova, no sólo el exilio, no diría que fue su vida tan dura, tan cruel como la de la rusa pero esa razón poética sí que se acerca mucho a su método poético de concebir la poesía como guía y referencia. Un concepto de cualquier manera, muy pregnante, el de razón poética, muy cercano a todos los que escribimos versos.

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